Ponche de Bacalhau Salazarista.

This last weekend: al fin llegamos a Oporto junto a la tropa de fascinerosos con los que cohabito en Can Piñón y el extra de Lord Solano. Llegamos pues, con la sana intención de investigar el infra mundo decadente de esta urbe del oeste peninsular. La sana idea de conocer casi todos los rincones de Oporto nos llevó a experimentar en nuestras propias carnes la vida portuguesa por excelencia (o al menos eso creímos practicando el turismo freak).

Food for almost nothing: Así pues, comimos Bacalhau en grandes cantidades y pocos reparos, ciertas tripas, algunos pescados rebozados (con un sabor jamás antes conocido debido a nuestra juventud, sospecho), pasteles atípicos y sorprendentes, chouriços, quesos pestíferos y alguna cosilla más que se me escapa. En esta linea, nos hemos jactado de pagar ínfimas cantidades de dinero por abundante comida portuaria y hemos disfrutado tremendamente comiendo lo que amables gordos lusos nos proponían, sin ni tan siquiera dudar de su criterio, asintiendo con cara de "compláceme".

We met: De esta manera y en un afán desenfrenado nos hemos ido guiando por nuestro olfato a través de callejones oscuros infestados de gatos sarnosos y gentes de un pasado gris, gentes de esas que no creeríamos que veríamos nunca. Nos hemos cruzado con marineros borrachos, ex agentes de la PIDE, ebrios fadistas de bar de carretera y mujeres perdidas en la noche de los tiempos que huelen tripas de pescado. Todos ellos arrastrando a su paso una antigüedad extraña y exótica para nuestra joven experiencia.
A su vez hemos disfrutamos de una velada en un antro dónde bebímos vino y comimos buñuelos de (como no) bacalhau mientras sindicalistas cinquentones nos cantaron tristes canciones y etílicas baladas de decadencia y desamor. Hemos girado entorno a mil barrios andando flanqueados por casas derruidas (ocupables de manera casi indecente) con balcones de uralita ajada. Hemos visto edificios en lamentable estado de conservación, recubiertos de una crosta de mugre y cutrerío salazarista que ni un ejercito de Joans Hereus enfurecidos podría reparar.

Y todo eso en tan solo tres días de paseos, pocos planes y menos ideas, zero quebraderos de cabeza y menos diez de lamentos, un disfrute tanto visual como gustativo. Y una vez echo esto nos postramos ante un resfriado que no habíamos previsto y que llegó, de manera irremisible al aterrizar en el Vallés.

Entradas populares de este blog

Recortes

Repetición.

Repite.