La felicidad en capas de lasaña.
The price of Hapiness: Picar muy fina una cebolla, ponerla en una sartén con aceite de la Cooperativa de la Selva, sofreír muy despacio. Preparar de mientras una olla con agua hirviendo, sal y algo así como laurel, en cuanto hierva soltamos las placas de lasaña apagamos el fuego y dejamos que se reblandezcan, podéis poner un poco de aceite para que no se peguen las unas con las otras. Añadir al sofrito de cebolla, un tomate maduro, unos ajos picados y medio pimiento rojo, sofreír despacio la mezcla. Buscad (a gritos) a alguien que os prepare un vermut casero con un poco de hielo. Bebed. Una vez hayamos echo un trago de vermut casero (o Yzaguirre) retirad el sofrito verduresco de la sartén y soltad en ella toda la carne picada que estéis dispuestos a soportar. Con la ayuda de una cuchara de madera procurad separar bien toda la carne. Una vez esté echa, mezcladla con el sofrito verduresco y añadidle tomate triturado. Dejad que haga chup chup (es una expresión odiosa per bueno, sirve)Mientras, le comentáis a alguien que esté por ahí que prepare una ensalada vosotros empezáis a deshacer un poco de mantequilla en una pequeña cacerola. Una vez este desecha soltáis un poco de harina mientras removéis. Si sois unos patosos agenciaros con algún pinche obediente que no haga preguntas estúpidas y actúe con rapidez. A la mezcla de la cacerola le vais añadiendo leche a medida que va espesando. Cuando ya casi tenemos la cantidad suficiente de bechamel le añadimos: sal, nuez moscada y pimienta negra. Una vez terminada la operación retirad la salsa, encended el horno y que arda el infierno.
Retiráis la salsa de tomate y carne. Cortáis berenjenas a tiras muy finas, casi de papel. Las ponéis en una sartén con poco aceite. Allí las dejáis que se hagan despacio, soltando un poco de vino malo de vez en cuando. Mientras las berenjenas se hacen, en una fuente lo suficientemente enorme como para hacer una comida de sábado (o domingo, como se prefiera) untamos el fondo y los laterales de la misma con mantequilla como esta (damos por echo que la bechamel la haréis con esa misma mantequilla).
Una vez tenemos nuestra fuente de proporciones bíblicas bien untada soltamos un poco de bechamel, luego una primera capa de pasta de Lasaña, luego un poco de salsa de tomate con carne, luego otra capa de pasta, luego una capa de berenjenas, luego otra capa de bechamel, luego otra capa de lasaña y así sucesivamente hasta que llenéis de manera respetable la fuente. Rematad con una última capa de pasta, bechamel y encima de todo soltad todo el queso rallado que podáis asumir sin sentiros mal y si os sentís especialmente mal, añadidle unos taquitos de queso manchego y algo de rochefort para no quedaros cortos.
Una vez finalizada vuestro monumento al colesterol, abrid el horno y dejad que se funda el queso. Mientras los babosos y hambrientos comensales preparan la mesa, tu escala la montaña de platos sucios, cacerolas, ollas, platitos, boles, cucharas y desechos organicos que has generado, sube hasta lo más alto, contempla el paisaje que se postra ante tus pies, bebe un trago de mermut y enorgullezete de ti mismo por ser un heroe, un semi dios, un paladín que ha luchado en todas las batallas de la eternidad y ha vencido, derrotando hordas de asesinos mandados por el propio demonio, o sea la ostia y que viva el ego.
Retiráis la salsa de tomate y carne. Cortáis berenjenas a tiras muy finas, casi de papel. Las ponéis en una sartén con poco aceite. Allí las dejáis que se hagan despacio, soltando un poco de vino malo de vez en cuando. Mientras las berenjenas se hacen, en una fuente lo suficientemente enorme como para hacer una comida de sábado (o domingo, como se prefiera) untamos el fondo y los laterales de la misma con mantequilla como esta (damos por echo que la bechamel la haréis con esa misma mantequilla).
Una vez tenemos nuestra fuente de proporciones bíblicas bien untada soltamos un poco de bechamel, luego una primera capa de pasta de Lasaña, luego un poco de salsa de tomate con carne, luego otra capa de pasta, luego una capa de berenjenas, luego otra capa de bechamel, luego otra capa de lasaña y así sucesivamente hasta que llenéis de manera respetable la fuente. Rematad con una última capa de pasta, bechamel y encima de todo soltad todo el queso rallado que podáis asumir sin sentiros mal y si os sentís especialmente mal, añadidle unos taquitos de queso manchego y algo de rochefort para no quedaros cortos.
Una vez finalizada vuestro monumento al colesterol, abrid el horno y dejad que se funda el queso. Mientras los babosos y hambrientos comensales preparan la mesa, tu escala la montaña de platos sucios, cacerolas, ollas, platitos, boles, cucharas y desechos organicos que has generado, sube hasta lo más alto, contempla el paisaje que se postra ante tus pies, bebe un trago de mermut y enorgullezete de ti mismo por ser un heroe, un semi dios, un paladín que ha luchado en todas las batallas de la eternidad y ha vencido, derrotando hordas de asesinos mandados por el propio demonio, o sea la ostia y que viva el ego.