Narcogato el Destructor. (versión corregida).

The Narcogato experience: teníamos barbacoa en Can Piñón y llegó todo el mundo. La casa se llenó de gente y un perro extra de algún molletense. Al poco rato el susodicho Perrel tuvo una refriega bastante acalorada con Poker The Easy Going Dog a la que tuvimos que intervenir con sillas, patadas, culatazos y golpes.

A la de un rato Poker ya estaba tranquilo y el otro cancerbero ostentaba un nerviosismo un tanto fuera de lugar.

Mientras tanto, Narcogato despertó de su letargo habitual en la habitación de los juguetes de Laia y asomó su crin al patio, para ojear el ambiente y buscar un cómodo lugar donde continuar con su duermevela habitual. Una vez mi hermoso felino encontró dicho emplazamiento se encaminó hacia el.

De inmediato despertó la curiosidad del perro extranjero y este, en claro signo de violencia arremetió contra Narcurcat. My little Katsen acorralado en un rincón del patio desenvainó sus garras Lobeznicas y dispuso todo lo necesario para una contienda que se perfilaba dura, desigual, salvaje y épica.

En las Termopilas de Can Pinyonaire las paredes retumbaron y Narcogato defendió su posición a garra y maullido arrasando con la cara del perro extranjero que osó penetrar en su espacio personal. Poker arrastrado por el bullicio de la refriega se sumó al combate, sin embargo la disciplina combatíva de Narcogato no hizo mella en su línea defensiva y aguantó el embate de la furia canina. Los ladridos y el ruido estremecedor alentaron el animo de Narcogato avanzando lenta pero progresivamente en las líneas enemigas, abriéndose paso a roca y piedra. Sin embargo Narcogato sabia que la victoria no llegaría utilizando la fuerza bruta si no el ingenio.

La situación era desesperada, Narcogato sabía que si intentaba contener el asedio el fin seria nefasto para él y los de su estirpe. Narcogato sabía que si seguía adelante esa misma noche cenaría en el infierno. Así pues resolvió que lo mejor seria encontrar refugio para reabastecerse y recuperar su honor, no sin antes dejar a su paso un rastro de sangre y destrucción.

Aprovechando un bandazo del perro extranjero Narcogato se impulsó y corrió a resguardarse en latitudes menos peligrosas, buscó un lugar donde guarecerse y limpiarse la sangre canina derramada. La batalla había concluido con un balance positivo a favor del bando felino.

Mientras tanto las fuerzas caninas mermadas y desmoralizadas emprendieron el camino por el que habían venido y no volvieron nunca más, la derrota infligida fue demasiado severa para un perro 10 veces el tamaño de Narcogato. Poker asumió su exilio voluntario al piso de arriba y Narcogato fue aclamado como a un héroe que será recordado en Can Pinyonaire como el que se enfrento a la Furia Canina, El Campeón Eterno.

Debido a esta hazaña Narcogato será recordado des de hoy mismo cómo Narcogato el Destructor, o El Campeón Eterno, o Gatezno (en homenaje a Lobezno y sus garras). Hoy día Narcogato se pasea por el patio luciéndose ufano de su triunfo y recordándoles a todos que Roma No perdona a sus Traidores. Recordando a su vez que no hay agresión sin respuesta.

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