Insensateces de domingo por la tarde.
Yesterday: en un ataque de poca premeditación y falta total de sensatez mental Mazilli y yo intentamos alcanzar un tupper situado en las Costas del Garraf. La particularidad de dicho tupper radica en el hecho de que entre nosotros y el tupper nos separan 350 m de aguas movidas y olas rompiendo contra afiladas rocas. Mazilli expuso su teoría de que a nado se puede llegar a dicho tupper pero yo, teniendo en cuenta mi estado físico le dije que no.
Después de discutir un buen rato el procedimiento decidimos ir a casa de los Palaumanes a buscar un supuesto kayak hinchable de 60€ comprado en LIDL. Creímos que con eso bastaría para superar esos 350 m de mar embravecido. Así que nos fuimos a Garraf, hinchamos el esquife y nos encaminamos a las rocas más cercanas al tupper. Yo llevaba pantalón corto camiseta y mochila (nada impermeable) Mazilli decidió ir nadando a mi la lado ya que el Kayak no hubiese soportado el peso de los dos.
Así que botamos la embarcación (si se le puede llamar así) e iniciamos el recorrido. A las dos paladas de remo nos dimos cuenta de que con ese trasto de 60€ del LIDL no íbamos a poder llegar a ningún lado más que encastrarnos contra las rocas y morir de manera sumamente ridícula. Así que dimos media vuelta e intentamos alcanzar la playa que se extendía un poco más allá de las rocas.
En la playa unos alegres bañistas disfrutan de un agradable día de verano cuando de pronto ven aparecer de detrás de unas rocas, a lo lejos, un Freak remando con una balsa cutre que se hundía por todos lados. La paz y la armonía se rompen ante tal lamentable espectáculo. El chico llega a la playa extenuado ante el esfuerzo raro y cae desplomado cual personaje de Lost y empieza a partirse de risa como un loco. Los bañistas estupefactos y patidifusos concluyen que el mundo esta lleno de zumbados a quién no hay que hacer caso.
Estaba yo en la playa intentando dejar de reír y analizar la estúpida idea que habíamos tenido cuando llegó Mazilli de detrás de una piedras. El tipo viene andando descalzo ya que sus zapatos están en mi húmeda mochila. Se planta enfrente de mí y ya no paramos de reír hasta que volvemos a casa. Así pues así concluye nuestro claro homenaje a la estupidez humana, el despropósito, la falta de planificación, sensatez e inteligencia. Sin embargo, después del espantoso ridículo y el apocalíptico bochorno creemos poder llegar hasta ése maldito tupper, pero con kayaks de verdad y no colchonetas de playa.
Hoy y después de 24 horas aún me río.