Memoria retenida y Mito



Todos tenemos un anecdotario personal, una biblioteca de recursos plagada de cosas por contar. El mantenimiento de dicha biblioteca es normalmente bastante precario. Nuestros bibliotecarios, traspapelan información, eliminan detalles y ensanchan capítulos de libros a su propio antojo. Se saltan todas las leyes de copyright y al fin y al cabo se pasan los días engrandeciendo o enpequeñeciendo historias, cuentos y relatos, de uno mismo, del vecino o de quién sea.

Todo queda retenido en nuestra memoria, y allí esas cosas evolucionan, mútan y se transforman en un discurso, una historia de uno mismo, una memoria personal. Evidentemente dicha memoria es absolutamente selectiva, nada objetiva y muy distorsionadora. Hay quién distorsiona mas y hay quién distorsiona menos, pero al fin y al cabo todos barremos para casa.

Pasa pues que cuando añadimos una nueva entrada en esa biblioteca dicha entrada pasa por distintos filtros y entra en un proceso evolutivo. En muchos casos ese proceso nos lleva directamente a la más pura de las mitologías, nos lleva a un tipo de narrativa muy específica, con su estructura; prefacio, prólogo, introducción, desarrollo y desenlace. Ha veces hasta hay moraleja o epílogo. Hay tensión, trama suspense y climax.

Y todo eso constrúye un discurso global, una identidad de cara al mundo, una imagen, y una historia de uno mismo. Los demás filtran dicha imagen y carecemos muchas veces del poder de redirigir ese punto de vista, pero hay ocasiones en que se puede manipular, retorcer y hacer creer algo inverosimil o simplemente hacer que todo el mundo tenga esa misma imagen en la cabeza. La panacea es ya cuando otros individuos difunden dicha memoria, historia o relato. Cuando alguien con sus propios filtros expande la historia, la ensancha y se transforma de nuevo entonces, ahí tenemos un bonito mito que contar.

Sin embargo esa narrativa muere el día en que tu credibilidad ya no tiene ningún valor. Ese día tus anecdotas tus historias y tu imagen hacia el mundo se desvanecen y no hay manera de recuperarlo. Así que sólo queda mantener a la audiencia satisfecha, segura de si mismo, conocedora de los entresijos de tu memoria y tus historias. Y sólo de esa manera los mitos crecen, viven y respiran en nuestra memoria. Y eso es riqueza ¿no?

The video: curiosamente Johnny Cash, con el camino ya asfaltado, se fabricó su propio epílogo, para él y su mujer y Romanek estaba allí para enmarcarlo. Y quizás este fué su último gran momento, justo antes de terminar, cuando el sol ya cae, y Cash mandando.

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