El Síndrome de Rocío




Hace un par de semanas, cuando todavía tenía bici, andábamos con Miss Jungenfeld subiendo en las bicis por la cuesta de North Bridge, debían ser las 10 de la noche, y en esta época del año aquí aún tenemos puesta de sol. Así que la imagen era bastante idílica.

Miss Weaving, anonadada nos contaba lo mucho que le gustaba la ciudad y la de regalos que la misma le aportaba. y nos quedamos pasmados, pensando en eso y en lo que para nosotros es Edimburgo, y la verdad, después de varios días con ese evento en la cabeza decidimos que nos gusta, que Edin-bra esta bien, que se pueden hacer cosas y tiene sus puntos.

Lo mismo nos pasó en Stockholm, que andábamos con esa nube de mal humor en la cabeza, llenos de anhelos locales, de la playa, el sol, las cosas del querer y todo ese rollo nostálgico, pero ahora nos damos cuenta, antes de partir, de lo que queda por hacer, de lo mucho que se echará de menos, y de todo lo que se puede llegar a desear en un sitio cómo este, y eso, al fin y al cabo es lo que cuenta, y lo que prevalece....

Pero si! sin venir a cuento, sin encontrarnos en ninguna encrucijada excepcional ni nada por el estilo, podemos decir que mola, que estamos a gusto, que lo pasamos bien, que las cosas van bien que nada nos putea y que, vamos, todo fain....

Y eso, mis queridos lectores es un gran qué, y más en este blog, dónde todo empezó dramáticamente, desde la oscuridad, la desazón y el pesar, y ahora, un año y pico después aquí estamos, en nuestra burbuja de walks, detalles y eventos.

Y de ahí viene el título de este post, del Síndrome de Rocío que al parecer sólo afectaba a ella y se nos está contagiando, pues Edimburgo ya no nos parece ese lugar cenizo dónde nada pasa, hay algo, y ya lo echamos de menos, será la hierba de los Meadows o las infinitas puestas de sol, o los walks, o las surprises o...., no sé, ya os diré.

Y le contaba a Christos, estas y otras cosas de vuelta a casa después de la celebration, y el hombre nos miraba con cara de este tipo esta loco, o ebrio o no se que le pasa pero esto no es normal, pero nosotros sabemos que en momentos así volvemos a Mollet, a Can Piñón y a esa filosofía Anesca del disfrute en general, y eso es algo de lo que estar orgulloso. Y lo que le pasaba a Christos es que tomó demasiado café y yo quizás demasiado vino, así que vamos apañados.

Me voy a ver la Momia II, y a seguir en mi nube.

Apunte de última hora: el Boss manda, sobretodo por que siempre habla de roads to take, me encanta, thanks mom por mostrármelo tan temprano.

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