Regreso A La Ciudad En Dónde Aprendimos A Andar.
Y aquí estamos, tarde, esperando para salir hacia el aeropuerto, manteniéndonos despiertos y recapitulando como siempre. Recordando lo visto y oído en estos últimos días de un Noviembre atípico, intenso y inusual en muchas formas. Y es que este mes culmina con la vuelta a la City, al Burgh, a ese espacio que ya ocupa un lugar muy especial en nuestra cartografía personal dónde tanto sucedió y tanto se sintió.Bajamos hasta esa playa a la que nunca fuimos, llegamos tarde (como no) y tuvimos que degustar el sol, de puntillas y subidos a los postes que mantienen la arena en su sitio contra corrientes y mareas. Subidos a ese poste pensamos y recordamos muchas cosas, vimos calles, recordamos eventos fugaces y dibujamos con esas gafas de realidad aumentada todas las capas de vivencias, encuentros y desencuentros, momentos y historias que se quedaron allí, pegadas con cola, solo para aquellos que saben ver o nos conocen o compartieron esas historias. Y ese archivo de una geografía sentimental queda allí, esperando a que volvamos y lo degustemos una vez más.
Sobre degustaciones hemos pensado bastante estos días. El anhelo de lo que ya fue esta siempre presente y la posibilidad de volver a degustar aquello, aunque sólo sea un poco, es maravilloso, ese momento que pasa y no se repite, ese flash que te llega de repente des del fondo de tu memoria y salta a un primer plano, arrancando una sonrisa de lado, un guiño o simplemente una buena sensación.
Volver a andar por el Burgh recupera esas cosas, recorrer todas las calles, con las manos en los bolsillos y la cara de merluzo por el viento es pasearse por un mapa muy personal es seguir el GPS sentimental en un deambular muy privado pero acogedor y cálido. Y físicamente sigues esa historia, que se va sucediendo, anécdota tras anécdota, momento tras momento, dando saltos en el tiempo; todo eso se concatena, y se enlaza creando una vez mas el acto del Volver.
Un beso y bona nit.