El Club Selecto.

Hoy entramos en un banco a pagar el alquiler del piso. Al entrar nos dirigimos directamente a la ventanilla y allí iniciamos los trámites, firmamos los resguardos, contamos el dinero y resolvimos con la transacción. Justo antes de irnos el dependiente nos preguntó si habitualmente íbamos a esa sucursal a entregar el alquiler; a lo que contestamos afirmativamente, asi que el hombre nos dijo, tengo algo para ti, ante mi sorpresa el hombre abre un cajón y nos entrega 10 euros y añade que la última vez que pagamos el alquiler nos pasamos de 10 euros y que por lo tanto eran nuestros. Un encanto vamos, agradecidos y con cierta brizna de vergüenza tomamos el dinero y salimos a la calle.

Andamos por la calle Emili Baró, por la acera Norte, y es que a esa hora de la mañana (o mediodía) da el sol. Y es que el sol aquí es de verdad, calienta y arropa y andábamos con esa chaqueta de cuadros con capucha que hace tiempo perdió la cremallera así que mejor andar por el sol. Y mientras andábamos entre sombra y sombra de los naranjos mugrientos pensamos en ese señor, que forma parte de ese club selecto de gente que corre por ahí feliz de la vida, contentos y amables, de esos que dices, molas.

En eso y en varias cosas mas hemos pensado hasta llegar a la tienda de la esquina para comprar café que ya se acabó. Y allí si, allí, en esa tienda si que hay una dependienta de esas brujas cabronas amargadas de la vida, y la mujer lo es, por que es incapaz de decirte buenos días y un simple hasta luego al partir, sencillamente no le sale a la pobre, te suelta el cambio en el mostrador y muestra desdén por su práctica, interés ninguno, otra vez no iremos. Así que preferimos al banquero de antes y al frutero de un poco mas abajo que siempre se ríe de todo y nos pregunta cosas o comenta algo del tiempo. Ese, también forma parte del selecto grupo de gentes. La dependienta de la tienda de la esquina, si alguna vez formó parte del club seguro que la expulsaron y con razón (al igual que al 90% del personal administrativo de facultades y centros de enseñanza).

Y es que hay que aspirar a eso, a formar parte del club selecto de las gentes felices de la vida, el club de los amables y el club de la gente que dice buenos días y buenas tardes sea cual sea su tarea laboral, esos, molan, te dan el cambio siempre primero las monedas y luego el billete. Esos son los que le alegran a uno el día. En Benimaclet hay muchos de ellos y menos de los otros, y quizás eso sea lo que mas nos gusta de este barrio, menos cuando se conduce claro; eso es como las quádrigas romanas en el Círco Máximo; pero ya hablaremos del Armaggedon valenciano de la conducción en otra ocasión, no quiero sulfurarme.



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