La Espiral.

Algunos ya reconoceréis la espiral de la imagen, otros quizás la podéis odiar o simplemente ser conscientes de su existencia, esa es la espiral que llevo haciendo desde que tengo uso de razón. La hacemos a partir de trozos de periódico, etiquetas de cerveza, papelillos y demás cosas parecidas como plásticos, celofán, servilletas o billetes de tranvía, tíquets de la compra, da igual, mientras sea maleable como el papel, se usa.

Dichas espirales terminan abandonadas en mesas de bares, ceniceros, suelos de clases, bolsillos, mochilas y lugares extraños de cojones, todas ellas, son abandonadas, desechadas o destruidas, esparcidas, diseminadas y barridas, todas ellas nacen, crecen y mueren y cada día vuelven a nacer en un bucle infinito que parece no terminar nunca y a veces termina con la paciencia de quienes conviven a mi alrededor.

Carla dijo hace años que empezaría a recogerlas todas y ponerlas en un jarrón, Turagirl después de mucho tiempo odiando las espirales admitió, hace poco, que de alguna manera las hecha de menos y nosotros pensamos que es algo así como un signo identitario, una marca, aunque mas a menudo pensamos que es un síntoma claro de neurosis, sin mas rodeos.

Así que de neurosis y locuras hemos estado hablando esta mañana con mi Griega Favorita (si, se ha ganado ese puesto, la verdad) abriendo una ventana virtual a través del Mediterráneo por dónde han circulado todo tipo de puestas al día y algún que otro chascarrillo. Y luego hemos pensado en las espirales, que nunca terminan, que vuelven a aparecer y nos acompañan en un bucle sin fin, y hemos resuelto que son una metáfora de nosotros mismos o al menos eso nos gusta pensar.

Así que dicho lo dicho, vamos a seguir en ese bucle, empezando una nueva semana en la que desechar y retomar planes, ideas y flujos de trabajo y seguir nadando en esa duda extraña que arrastramos junto con las incoherencias, los cambios de rumbo, humor, expectativas y esperanzas.

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