La Verdadera Atalaya Sonora.

Ayer grabamos una entrevista, en Magatzems, y muy cerca de nosotros estaban haciendo una muestra de algo llamado cine "bizarro", y mas gente a lo lejos charlaba. La grabadora encima de la mesa y dos personas que dialogan en una entrevista un tanto improvisada pero no por eso menos interesante.

Grabamos con el micro de ángulo mas abierto y monitorizamos con los cascos. Y allí sentados nos enteramos de todo, el tenedor que rasca el plato, los sorbos de cerveza, los matices de voz, el ruido de alrededor, la resonancia de la mesa, el chasquido de los mecheros, hasta el craqueo de los cigarros, el tamborileo de dedos y los ajustes en la silla de aquellos sentados de manera incómoda.

Allí dentro, dentro de la burbuja de los auriculares, nos enteramos de todo, escuchamos un espacio aumentado, en dónde los detalles se perciben perfectamente, dentro de la burbuja pensamos en lo a gusto que se está allí, la sensación de control sobre todo los inputs y la consciencia de todo lo que nos rodea.

Estuvimos buen rato mirando observando y enlazando todas las cosas que veíamos cada día pero que no escuchábamos y todo se volvió mas claro, nítido, aumentado y hiperrealista. Luego pensamos en los que no escuchan tanto, los que voluntariamente no lo hacen no nos interesan, y en cambio los que por lo que sea no pueden, esos si que nos interesan, pensamos en maneras de saber que, escucha cada uno, que procesos selectivos tienen lugar, que composiciones hace cada uno y como son las cosas percibidas por distintas personas, y luego le dimos mas vueltas, volvimos a los cascos y a la burbuja contemporánea en la que nos sumimos cada día, yendo a trabajar, estudiar o simplemente por el placer de la escucha en movimiento y nos gusto como lienzo (como ya lleva tiempo gustándonos).

Los auriculares son una cascara, un escondite, una cueva en la que encerrarse y censurar todo lo que no queremos oír y también es un telescopio para escuchar todo aquello que nos queda lejos, todo aquello a lo que no hacemos caso, son unas nuevas gafas, una pantalla infinita, y un objeto que de tanto uso que le damos se ha transformado en una prótesis.

Y finalmente, para nosotros los cascos son el taller, el espacio y la pantalla de render en dónde empieza y termina todo lo que hacemos. El otro día Ruiz de Infante dijo, tu lo que quieres es pintar un cuadro, un paisaje ¿no? y nos pilló de pleno, eso es lo queremos, pintar un cuadro en nuestras orejas y en las de los otros, pintar y esculpir objetos efímeros y espacios reales alterados, subyugados o a veces simplemente reproducir fielmente, retratar y enmarcar.

Los auriculares nos hacen sentir a salvo con sus mulliditas coberturas que cubren nuestros pabellones auditivos encerrándolos en una especie de torre de marfil, el ojo que todo lo ve, el oído que todo lo oye, eso si que es una atalaya sonora y el resto intentos, meros intentos.

Ya veis, este post quizás debería estar en el otro blog, quizás lo pongo luego. La foto la tomó Uri, que ahora empieza a entender lo de vivir con un gato, y nos agrada.

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