The Proposition.

Y le dijo, ¿que te parece si hoy comemos bacalao? sin miramientos, bajaremos a la pescadería de la esquina que ayer ya hablé con Paco y me dijo que tendría unas pencas preparadas, y luego compraremos patatas de esas que andan llenas de terrones, deformes y extrañas, aquellas que nadie quiere por su excesivo tamaño ignorando sus calidades. Compraremos cebolla roja, y un par de pimientos verdes y uno rojo. Y poca cosa mas, buscaremos un pan que esté bien tostado por fuera, y quizás caliente todavía, nos pasaremos por una bodega cercana y quizás escojamos un vino sin demasiada sabiduría pero con azarosa fortuna.

De vuelta en casa a pocharemos la cebolla, despacio, al ritmo de No More Shall We Part, y mientras el piano avanza cortaremos los pimientos y los reuniremos con la cebolla roja, a muy pocos frames por segundo, lentamente, mientras pensamos en las discusiones de alcoba que terminaron con la relación entre PJ y Nick. Mientras todo eso se gesta, mientras lo comentamos, rallaremos unos tomates maduros y los añadiremos a cucharadas al sofrito, y a rodajas mas gruesas que finas añadiremos unos ajos que compramos vete a saber tú dónde, y despacio, con cuchara de madera mezclaremos al ritmo de Fifteen Feet Of Pure White Snow.

Al término del tema, calentaremos la parrilla, con un poco de aceite aquí y allá y dejaremos que el horno se divierta con las patatas cortadas a rodajas finas, con tomillo, sal y pimienta y entonces apartaremos el sofrito para centrarnos en el bacalao que tostaremos a fuego salvaje, raudo y veloz hasta que se forme cierta costra, tostado por fuera, tierno por dentro. Y de la brasa a la sartén del sofrito que dejaremos a fuego, no lento, lentísimo y si nuestro timing es correcto sacaremos las patatas asadas y las dispondremos alrededor de las pencas con precisión, cariño y amor.

Y mientras hablamos de eso, lo otro y lo de mas allá, tu habrás emulsionado un alioli denso, suave y poco salado pero con el ajo presente, pero sin pasarse, quedará mas amarillo que crema y brillará, y el mismo lo depositaremos encima de las pencas de bacalao que terminarán entrando en el horno por 10 minutos mas, la recta final, la recta final de una ceremonia ecuménica, sagrada y épica.

Mientras lo comemos veremos los pinos de los Jardines Do Palácio de Cristal y bajaremos por la empinada Rua De Entre Quintas hasta Restauração y andaremos por la Calçada de Monchique para terminar sentados en el muelle, mirando al puente Dom Luis I, tranquilamente, con el poco sol que llega ya ahí, y eso, variando las rutas, cambiando las ciudades y recorriendo los lugares, lo haremos después del bacalao, después de las ideas, las propuestas, los antojos y lo sagrado por que quiero que sepas que eso es lo que nos apetece, es a dónde queríamos llegar, pero a veces nos cuesta, y te pido perdón por eso y todo lo demás.

bon profit,

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