Croquetas, Osos Panda Gigantes y Ingenieros Ingleses.

¡Ilusos de nosotros! incapaces de comprender ciertas retóricas pero si capaces de arrancar concretas frases de blogs familiares pero ajenos. Así, Nuestro Querido Tío terminaba su último post con esa frase sobre la memoria, y que mejor que re-reproducirla? leedla allí dónde toca.

Mientras tanto y recién levantados de un sueño complejo, con canales, barro, barcas tiradas por perchas y pueblos sumergidos en las aguas, reabrimos el cajón de la memoria y enunciamos una lista de recuerdos que bajo la misma etiqueta se agrupan en algún rincón de nuestro coco. Y para refrescar esa nube de tags, escuchamos Hotel Paral·lel de Fennesz.

Así que recordamos una partida de tenis, contada, comentada y narrada con una precisión de experto, tanto que sigue siendo la única partida de tenis que hemos visto entera en nuestra vida, y nos gustó. Entre gritos y jadeos, nos narraron el encuentro deportivo y nosotros escuchamos atentos.

Recordamos cortar la mantequilla de tal manera que se creen esos cilindros que facilitan luego el desayuno legañoso. Recordamos despensas atestadas oliendo a pimentón, recordamos envoltorios de papel de aluminio que dibujaban las formas de la patatera y que en algún recodo del envoltorio ya goteaban rojas manchas que mas que manchas eran augurios para el paladar. Recordamos, como no, bandejas ya preparadas de croquetas absolutamente indiscutibles y la cara de alegría, al ver nuestro interés por dicha receta (por cierto nunca conseguida).

Recordamos un tortuoso camino entre campos de centeno montados en un Suzuki Vitara de dudosa estabilidad y la llegada al pequeño puente que cruza un arroyo. Un arroyo que siempre se reservaba el derecho a llevar agua pero que siempre mirábamos a ver en que estado se encontraba.

Recordamos el prado verdusco que conducía al porche con columnas y la estructura sencilla de una edificación en medio de la dehesa, moteada de encinas. Ya dentro, recordamos una mesa redonda con gruesos manteles y un solitario en marcha, y debajo de la misma las piernas de uno o varios calentándose. Bajo nuestros pies siempre teníamos la certeza de andar por encima de las aguas, conocedores de la existencia de un aljibe (si mal no recuerdo). Y al fondo, cerca de la despensa una barrica de madera con un cucharón, en ella, agua fresca, natural de lo que nos parecía una procedencia misteriosa y casi mística, quién sabe, éramos niños.

Y ya, entremezclado entre memorias y historias contadas se reúnen ciertos conceptos vividos o contados tales como, un épico y mítico viaje a Italia, una anécdota entre un zorro y un halcón y una pesada escopeta de caza, un oso panda gigante que controlaba una perfumería del la calle "santulalia", unas tijeras y unas cuchillas "pa que los niños se distraigan", un pan denso, el maltrecho templo de Diana y unos caramelos con vírgenes en el envoltorio que costaban de masticar y pringaban mucho mas, anisados quizás, en una bolsa de plástico.

Y todo ello nos viene a la memoria, se traslada a través de la meseta, cruza los montes, desciende por la Hoya de Puçol y se acerca a la Huerta hasta Benimaclet, para luego volver de nuevo, cruzar y llegar a orillas del Guadiana, extenso, lento y parsimonioso allí dónde llegaron los Romanos hace ya mucho y por dónde pasaron decimonónicos ingenieros ingleses tratando de conectar un territorio perdido entre encinas, rocas y suaves lomas.

un beso,

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